El mapa de distribución de materias primas ubica a Bolivia, Chile, Argentina, Brasil, Perú y México como los actores más destacados del continente. El denominado "triángulo del litio" (Argentina, Chile y Bolivia) concentra más del 50 % de los recursos globales de este mineral; mientras que Chile y Argentina operan como productores consolidados, Bolivia posee el mayor potencial con 28 millones de toneladas aún sin explotar debido a obstáculos técnicos e inestabilidad política. Por su parte, Chile y Perú cubren conjuntamente casi el 35 % de la producción mundial de cobre y poseen más de una cuarta parte de sus reservas. Asimismo, Brasil ejerce un control del 93 % sobre la producción global de niobio —crucial para superconductores—, además de registrar el 11 % de las reservas de níquel y el 24 % de grafito. En tanto, México y Perú lideran la producción de plata, sumando un aporte regional que supera el 50 % de la oferta mundial para las industrias electrónica y solar.
Ante una dependencia de importaciones chinas que supera el 70 % en rubros como el grafito y las tierras raras, la administración estadounidense ha desplegado una agenda de acuerdos bilaterales en la región, de donde ya obtiene casi la totalidad de su litio (vía Chile y Argentina) y el 80 % de su cobre. En mayo de 2026, EE. UU. suscribió un Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos con Argentina para otorgar acceso privilegiado a sus empresas en el distrito minero de Vicuña, además de suscribir memorandos de entendimiento con Paraguay, Perú y Ecuador. Paralelamente, la Unión Europea implementó su Ley de Materias Primas Críticas, orientada a evitar que más del 65 % de sus necesidades dependa de un único tercer país para el año 2030. Bajo este marco, la UE ratificó la entrada en vigor de su acuerdo comercial con el Mercosur y consolidó su cooperación con Chile para el abastecimiento sostenible de cobre y litio, una estrategia de diversificación que también fue respaldada durante las recientes consultas gubernamentales entre Alemania y Brasil celebradas en Hannover por el canciller Merz y el presidente Lula.
A pesar del potencial de abastecimiento, el bloque occidental enfrenta desafíos debido a las orientaciones políticas divergentes y los conflictos de intereses dentro de la propia región. Ejemplo de ello fue la firma del acuerdo bilateral entre Argentina y EE. UU. a pocos días del pacto UE-Mercosur, sumado a factores como la integración de Brasil en el bloque de los BRICS o la inestabilidad interna en Venezuela y Bolivia. Asimismo, gobiernos regionales como el de Brasil han condicionado el acceso a sus yacimientos a exigencias de transferencia tecnológica y creación de valor local. El análisis del escenario internacional determina que la seguridad del suministro a largo plazo para las potencias de Occidente estará supeditada a que las nuevas alianzas trasciendan la mera exportación de materias primas y contribuyan formalmente al desarrollo industrial, la sostenibilidad bajo normas ESG y la estabilidad económica de América Latina.
Fuente: Diálogo Político.
