Los estudiantes se encontraban protestando en contra del rector y otras autoridades de la institución, cuestionando activamente su gestión, cuando un contingente de la policía antimotines ingresó al recinto. El escenario rápidamente se tornó caótico; los agentes lanzaron gases lacrimógenos y se registraron agresiones físicas directas, lo que obligó a los alumnos a correr en distintas direcciones dentro del campus para ponerse a salvo de la humareda y los impactos.
Testigos y afectados en el lugar denunciaron el uso desproporcionado de la fuerza. Uno de los estudiantes manifestó que la intervención se produjo de manera violenta con gases y golpes, añadiendo de forma crítica que la máxima autoridad universitaria abandonó el lugar resguardado por las fuerzas del orden. Asimismo, madres de familia expresaron su desesperación y angustia ante el riesgo en el que se encontraban sus hijos. Tras los incidentes, varios de los heridos requirieron atención médica inmediata y vendajes debido a las lesiones sufridas durante la gresca.
