La intervención no dejó espacio para las excusas. El personal municipal confirmó que el local no tenía licencias de funcionamiento ni mucho menos los certificados sanitarios obligatorios para manipular algo tan vital como el agua. Ante este panorama de insalubridad extrema, las autoridades procedieron a la clausura inmediata por 30 días. Esta medida busca cortar de raíz el riesgo de que cientos de familias trujillanas terminen en un hospital por ingerir un producto que, lejos de hidratar, podría estar cargado de bacterias y contaminantes.
Pero esto es solo el comienzo. El alcalde de Trujillo, Mario Reyna, lanzó una advertencia clara: la cacería de negocios informales continuará en toda la ciudad. Mientras las autoridades refuerzan los operativos para identificar otros puntos de riesgo, el llamado a los comerciantes es drástico: cumplan las normas o enfrenten el cierre definitivo. Si vas a comprar agua, asegúrate de que venga de fuentes autorizadas, porque en la lucha por el bienestar de Trujillo, la salud no se negocia.

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